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Meditaciones dominicales

El evangelio hoy

I Domingo de Adviento

Año B

Trabajar durante la mañana tarea fácil,
Trabajar turno vespertino comienza a pesar,
Pero trabajar ¿de noche? ¡Un poco complicado!

Con el ruido de las calles y las voces se puede conversar,
Al irse despidiendo el sol y su luz todavía algo se puede hacer.
Pero cuando todo está oscuro y no hay presencias,
el trabajo se vuelve complicado.

A todos nos gusta la luz y el calor,
A pocos el despedirse del atardecer
Y a muy contados el frío y la soledad del anochecer.
Y este es el trabajo de un velador,
Este es el trabajo de quien está a la puerta,
Es el trabajo de quien ve venir a la casa tantas gentes
Y otras tantas las ve retirarse.

Es el trabajo “de esperar”
¿Qué espera el portero?

¿Qué vigila?

Y es que precisamente ese trabajo le gusta mucho a Jesús: Velen y oren, para que no caigan en tentación” (Mt 26,41); «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quédense aquí y velen conmigo.» (Mt 26,38). «Simón, ¿duermes?, ¿ni una hora has podido velar? (Mc 14,37).

Jesús es ese “hombre que se va de viaje a un lugar lejano” y advierte a quienes le escuchan: “velen, por tanto, ya que no saben cuándo viene el dueño de la casa” y nos pone los tiempos “el atardecer”, “media noche”, “al cantar del gallo”, o “de madrugada” (cfr. Mc 13,35), recordando así la división romana convencional de las doce horas de la noche en cuatro cuartos o «vigilias» de tres horas cada una. Se espera que el desafortunado portero mantenga su puesto durante las cuatro guardias.

El discípulo cristiano, al parecer, nunca está fuera de servicio.

Hoy comenzando el Adviento, como una canción que se vuelve a escuchar, el Evangelio de Jesús nos canta la melodía del “estar despiertos”, “atentos”, “sin sueño”. Y sí, precisamente cuando reclamaríamos un descanso justo: en la NOCHE…  justo el momento más difícil para estar en guardia, donde a veces solo nos acompañan los enormes aullidos interiores.

P. Miguel Martínez Cruz
Arquidiócesis de Morelia

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