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Testimonios Vocacionales

Joel González

Mi nombre es Joel Candelario González González, nací el 02 de febrero de 1984 en el municipio de Pichucalco Chiapas, México. Mi padre es José Humberto González y mi madre Blanca Flor González Gómez. Soy el segundo de nueve hermanos. Fui ordenado Presbítero el 19 de marzo de 2014 e incardinado a la Arquidiócesis de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.

Mi vocación al Sacerdocio nació como en el año 2001, en el contacto con los grupos juveniles y en la cercanía con mi párroco el Presbítero Antonio Mendoza Gómez, quien fue el que me invitó a participar de los encuentros vocacionales y entrar al Seminario. Me atrajo mucho su manera de tratar a la gente, su cariño para con ellos, su actitud alegre para con los jóvenes y su entrega en los actos litúrgicos. No era tan cercano a las cosas de la Iglesia, pero por invitación de mi hermana la mayor, quien si participaba, me fui involucrando hasta el punto de responsabilizarme de algunos grupos juveniles y colaborar dando temas en los retiros, participando como miembro de un coro, monaguillo y monitor al mismo tiempo.

Fueron casi durante tres años que todo eso me despertó el gusto por el sacerdocio, aunque también la vida religiosa que mis papas habían llevado un tiempo me retó a vivirla yo también. Por lo que decidí en el 2003 vivir mi proceso vocacional para descubrir si tenía la posibilidad de entrar al Seminario y ser sacerdote.

En el año 2004 viví mi preseminario sin que mis papas supieron con exactitud de que se trataba, pues creían que era solo un retiro espiritual. En julio del 2004 me aceptaron para ingresar al seminario, considero que estaba convencido que era mi camino. Sin embargo, lo difícil era comunicarles a mis papás, cosa que les alegró muchísimo, pues en su corazón y sus mentes llevaban las palabras de un sacerdote anciano de mi parroquia que les anunció que podría salir de su familia un sacerdote. Eso afianzó más mi deseo por seguir el sacerdocio y contar con el apoyo pleno de toda mi familia.

Cuando me ordenaron presbítero se cumplió ese anunció y junto con mi familia, desde el momento de mi entrada al Seminario hasta hoy, le hemos estado agradeciendo a Dios por este don maravilloso y lo seguiremos haciendo toda nuestra vida. Me siento contento de servir a Dios con mis dones y mi familia está feliz de verme plenamente realizado en algo que hizo cambiar la situación familiar.

He colaborado como vicario parroquial y allí me dedique a formar laicos en una escuela de formación, estaba encargado de la pastoral litúrgica parroquial y sus dimensiones, así como la capacitación de ministros extraordinarios de la sagrada comunión; también estaba como prefecto de una casa de formación humano-cristiana para adolescentes de secundaria, al mismo tiempo confesor y formador de la misma.

La oportunidad que tengo de hacer una experiencia de formación permanente en Roma es un reto grande como sacerdote, pero a la vez una satisfacción agradable, porque he descubierto que también aquí está la voz del Señor que me llama a dar lo mejor de mí. Espero y confío con la ayuda de nuestra Madre Santísima, regresar dispuesto a servir al Señor donde se me pida colaborar como presbítero.

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